Carta de réplica

Martes 25 de mayo de 2010, por Mariano Coronas Cabrero

¿Pedagotonterías?

No había leído la carta que escribió el Sr. Monjas en su día, con un título tan curioso, y alguien me facilitó una copia… A veces, estas cosas te cogen con el cuerpo guerrero y contestas. Luego, pasa el tiempo y ya no le das tanta importancia, pero como el documento es largo y está bastante puntualizado, pues me ha parecido curioso publicarlo siete años después, en este nuevo espacio que estoy construyendo. Ya de entrada y con la nueva perspectiva que da el tiempo, igual me pasé un pelín. De hecho, las cosas que decía este hombre no merecían ni ser contestadas porque tampoco aportaba argumentos sólidos para defenderlas o denunciarlas. Aunque por otra parte, debo decir que, en pocas líneas, porque eran pocas las que escribió, se despachó a gusto, no crean…

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Sr. Monjas:

Leí en el Diario del Altoaragón del pasado 3 de octubre de 2003, su escrito titulado “Pedagotonterías”. Quisiera decirle que todo el texto en sí, incluido el título, me parece un insulto gratuito, una descalificación global e inexplicable a la profesión de maestro y de maestra. Soy consciente que en mi profesión (yo soy maestro – y así me llaman los niños y niñas con quienes comparto el tiempo diario de enseñar a aprender-, no educador) hay de todo; seguramente igual que en la suya –que desconozco- y en todas las del mundo mundial. Considero muy lamentable que a partir de una encuesta que preguntaba por el dominio de herramientas informáticas, puedan deducirse las cosas que usted deduce: la mente humana es complicada pero la suya es increíble. ¡Qué capacidad para establecer relaciones allí donde casi nadie las imaginaría!

He pensado en contestar una a una todas las agresiones verbales, los excesos calificativos, y quiero, antes de nada, dejar constancia del total despropósito que a mi juicio constituyen esas 35 medias líneas; ejemplo de no sé qué género periodístico. Evitaré en lo posible ponerme a su altura e insultarle, y trataré de contestarle de manera personal, huyendo de cualquier corporativismo.

La expresión “guía de nuestros chicos” me parece una expresión con un perfil mesiánico e incluso fascista. Personalmente -no sé usted con su pluma- nunca me he considerado guía de nadie, estoy libre de culpa en ese asunto.

En cuanto a su pregunta sobre “en qué mundo viven nuestros educadores…” Yo sí sé en qué mundo vivo, desde luego. Por cierto, la prensa (que compro y leo a diario) me ayuda mucho a ubicarme en él y me dota de argumentos para el análisis personal y la toma de posiciones. En el tablón de anuncios de la clase de la que soy maestro-tutor siempre hay fotografías y recortes de noticias de prensa y hace más de veinte años (probablemente usted, en ese tiempo, estuviera recortando palomitas de papel en la escuela de su pueblo) que la prensa tiene un hueco en mis clases y está incorporada como útil herramienta pedagógica a mis pertenencias como maestro. Los maestros y las maestras solemos vivir en el presente, tenemos un pasado y nos proyectamos en futuro, ¡faltaría más! Las maestras y los maestros han sido y somos seguramente, los principales responsables de que la inmensa mayoría de la población española haya dejado de ser analfabeta y algo hemos contribuido a que cada cual sepa en qué mundo vive…

En lo referente a que su sobrino de cinco años compagina “la toma de potitos navegando los complejos menús de una hoja de cálculo”, pues qué quiere que le diga. Me parece que a un niño de cinco años lo que de verdad le va bien es correr por el campo, por el monte o por un parque con su padre y con su madre; también es muy útil que juegue con los amiguetes, pedalee en el triciclo y rompa algún par de zapatillas peloteando; incluso es razonable que escuche historias orales y que imagine otras mirando un libro; pero allá cada uno con las orientaciones educativas que regala a su prole…

Aprender poesías y recitarlas de memoria permite ejercitar algunas facultades y cultivar algunas sensibilidades; llamarlas casposas por ser de Alberti, me parece el colmo del desprecio. En todo caso, será usted (al que veo haciendo pinitos como escritor) quien tendrá que aprender algo de un escritor como Alberti, digo yo…

Por otra parte, cierta coherencia personal y alguna profunda convicción ética me aconsejan defender en la escuela el “No a la guerra”. Es lo mínimo que me exigirían y lo que esperarían mis alumnos después de practicar la desactivación de los pequeños conflictos cotidianos utilizando el diálogo y la reflexión como principales herramientas.

Sobre “el estadio de desarrollo intelectual en el que nos hemos quedado los faros de las mentes infantiles…” Habría que ver en qué estado (y conste que no estoy confundiendo estadio con estado) escribió usted estas desafortunadas e insultantes líneas… Yo la verdad es que me encuentro bastante bien, orgulloso de mi trabajo y absolutamente comprometido con él, desde hace tres décadas y dispuesto a sentarme con usted y explicarle todo lo que hago, con pelos y señales y a escuchar de usted el relato de sus actividades laborales que deben ser, no me cabe ninguna duda, muy interesantes. Terminar ese párrafo descalificando nuevamente a maestras y maestros, llamándolos “tutorial ejército de nulidades”, me hace pensar nuevamente en qué estado se encontraba la persona que se atrevió a escribir esto …

La referencia final a la escuela privada no tiene nombre. Le recuerdo que cualquier empresa del mundo acude a las facultades universitarias a contratar a las personas que mejores expedientes académicos tienen, a los primeros números de cada promoción. Todos los maestros y maestras que accedieron a la escuela con ingreso directo (por ser las personas con mejores expedientes de cada promoción) o que han aprobado una oposición se encuentran en la escuela pública, mientras que los que no cumplen esos requisitos trabajan en la privada o en la p. Concertada. Sin comentarios.

A mí lo que me da que pensar es el nivel de irresponsabilidad de un ciudadano que se dedica, sin ninguna argumentación (salvo la referencia a una encuesta y un sobrino), a descalificar a un colectivo de cientos de miles de personas. Eso sólo puede hacerse desde la ligereza y la frivolidad; eso sólo lo puede hacer una persona que ha olvidado que si escribe en el periódico es, entre otras razones, porque una vez, hace algunos años, una turbamulta de jóvenes o no tan jóvenes maestras y maestros le enseñaron a leer y a escribir.

Que tenga un buen día.

Mariano Coronas Cabrero Maestro de Primaria. Uno de los dos de cada tres que sí utiliza la informática.

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