Contexto
En mayo de 2009 se celebraron las Jornadas de Animación Lectora para el Aula, con el título de “Buen Leer”, organizadas por Edelvives. En esa convocatoria, los actos se desarrollaban a lo largo de un día entero en cuatro ciudades diferentes y cuatro sábados distintos. Concretamente en Sevilla (día 9 de mayo); Valencia (día 16); San Lorenzo de El Escorial (día 23) y Valladolid (día 30).
Cuando recibí la invitación para participar, me comprometí a asistir a las jornadas de dos de esas ciudades (viajar a las cuatro me parecía excesivo por lo que suponía tener que viajar todos los fines de semana de un mes como mayo en el que se acumulan acontecimientos escolares y a mi edad se necesita descansar de vez en cuando…). Concretamente, me comprometí a acudir a las dos últimas nombradas, pero una inesperada operación de vesícula biliar me impidió cumplir con el compromiso adquirido y sólo pude llegar, tras recibir el alta médica, a la última convocatoria, a Valladolid. Rafael Rueda se ocupó de las dos primeras y yo mismo sugerí a la organización que Agustina Cobos me sustituyera en San Lorenzo de El Escorial. Y así se hizo.
El taller que había propuesto se titulaba: “Biblioteca escolar. Un bosque repleto de senderos sorprendentes” y la intención era, más o menos: “mostrar documentos realizados para reflexionar y rediseñar otros, adaptados a las necesidades de cada participante, según su entorno de trabajo. Realizar una exposición de diversos materiales para que los participantes pudieran ver, tocar, hojear y hacerse una idea más exacta de todo lo que quería mostrar y realización de distintos ejercicios de escritura en un cuaderno que se entregaba a cada participante, con actividades ya planteadas con cierto sentido del humor”. Y a eso me dediqué las tres veces que había que repetir el taller.
Posteriormente, se nos pidió desde la organización, el envío de los textos para publicar las actas del encuentro. A día de hoy no se han publicado e ignoro si algún día verán la luz. Es por ello que he querido explicar un poco el contexto y publicar en mi “cadiera” no el documento completo que envié en su momento, sino un decálogo de consejos, que incluía en él y un ABCdario final dedicado a las bibliotecas escolares. De este modo, siento que el esfuerzo que me supuso escribir aquellos 13 folios, no fue baldío, dándolos a conocer a través de esta página.
Algunas estrategias personales que pueden mejorar nuestro modo de hacer, nuestras pertenencias pedagógicas. En realidad, un decálogo completo.
Estrategias relacionadas directamente o no tanto con la biblioteca escolar. Relacionadas muy directamente con el trabajo en la escuela y con la idea de ir construyendo un archivo personal o colectivo de materiales que nos retroalimente, del que podamos obtener información para refrescar ideas o tomar sugerencias para futuras acciones. A medida que pasa el tiempo, uno debe ir construyendo su propio itinerario pedagógico y para conseguirlo ayuda mucho poder disponer de un buen archivo personal de libros y de materiales diseñados y realizados, individual o colectivamente, que sean referencia y a veces memoria de lo realizado.
Lo que sigue es una lista de estrategias y consejos; aquello que yo hago con frecuencia o con naturalidad, porque lo he probado y sé que funciona y que también a ti te puede ir bien:
1.- Guardo todo lo que hago. ¡Guarda todo lo que hagas!
Desde siempre, casi desde que comencé a trabajar, he comprado o he conseguido y reutilizado cajas, carpesanos, carpetas para guardar varios ejemplares de aquello que hemos editado en papel. Por ejemplo: libritos de clase, revistas escolares, boletines de la biblioteca escolar, guías de lectura, marcapáginas, convocatorias de reuniones, dípticos o trípticos de actuaciones propuestas desde la biblioteca, álbumes de cromos, pósteres, libros con repertorios alfabéticos, libros-resumen de alguna actividad bibliotecaria… Mi consejo es que guardes varios ejemplares (yo suelo guardar diez de cada cosa que hago) en esa caja anual que abres para contener todo lo que vas generando en el aula y en aquel grupo de trabajo en el que participas…No es lo mismo decir: “Yo también recuerdo haber hecho algo parecido, pero no lo guardé…” que decir: “mira, así quedó el documento que recogía el desarrollo de la actividad”, a la vez que extiendes la mano con el documento en ella. La Biblioteca escolar debe guardar la memoria impresa del centro, todo lo que se imprime (por el procedimiento que sea) debería terminar en sus estanterías. Y sugiere a los chicos con los que trabajes que guarden aquello en lo que han participado porque, a medida que pasan los años, encontrarse con materiales de nuestra etapa escolar suele ser siempre agradable y reactiva nuestros recuerdos.
2.- Hago fotografías de las actividades y de los materiales. ¡Haz fotos y guárdalas!
Hoy día, con las cámaras digitales, ya no hay excusa de excesivo coste o de tener que revelar carretes… Actividades de expresión plástica; agrupamientos para realizar una actividad determinada; trabajos concretos en la biblioteca escolar: lectura individual, búsquedas informativas, trabajo con los ordenadores, sesiones de “cuentalibros”, disfraces, salidas, visitas, personas que acuden al aula o a la biblioteca… casi todo es susceptible de ser fotografiado (también filmado, claro). Las fotos no sólo nos recuerdan lo que hicimos (con el paso del tiempo, también nos recuerdan cómo éramos), podremos utilizarlas para hacer exposiciones, ilustrar artículos, preparar presentaciones que expliquen de manera más vistosa lo que hemos realizado.
3.- Escribo diarios y tengo un blog . ¡Escribe lo que vayas haciendo!
Creo que resulta muy adecuado dejar por escrito (en documentos estrictamente personales, si tú quieres) la descripción de algunos procesos de trabajo, observaciones, valoraciones del desarrollo de alguna estrategia que hemos puesto en funcionamiento… La memoria es frágil y nos será útil tener unas notas que nos refresquen un proceso o nos avisen de alguna variación que deberíamos hacer si retomamos la actividad. El blog (un cuaderno electrónico), debidamente atendido y actualizado, sirve perfectamente para dejar constancia de buena parte de lo que vamos haciendo. En este caso, estamos ante una herramienta que hace públicas nuestras reflexiones y lo que allí escribamos podrá ser leído por cualquiera y desde cualquier parte. Además, nuestras experiencias y opiniones podrán ser comentadas por quienes las lean.
4.- Intercambio materiales elaborados. ¡Intercambia materiales!
Desde muy antiguo, el trueque fue una forma de interrelación entre las personas: esto que yo tengo y me sobra, te lo cambio por eso que tienes tú y me falta. Cuando mis padres en sus esforzadas actividades agrícolas y ganaderas obtenían una buena cosecha del producto que fuera, le llevaban al vecino o la vecina una muestra de ello y el vecino o la vecina siempre encontraban la manera de devolver ese gesto generoso. Siempre he trabajado con esta filosofía (aún cuando por las razones que sean, no haya en algunos casos reciprocidad, pero sé que siempre hay mucho agradecimiento). Si hemos terminado un librito colectivo del que vamos a hacer copias, aumentamos la tirada para atender el archivo personal y para enviar unos cuantos ejemplares a compañeros, instituciones interesadas, medios de comunicación, bibliotecas… Y lo mismo hacemos con una guía de lectura, un boletín trimestral, unos marcapáginas…
5.- Leo y escribo. ¡Lee y escribe!
Desde la Biblioteca escolar, podemos ayudar a que esas dos acciones se implementen de una manera notable en un centro de enseñanza. No debes olvidar que el grado de credibilidad que despiertes ante chicos y chicas será muy importante a la hora de mantener ese hábito, despertar la curiosidad o sembrar la incertidumbre (que en ocasiones es un buen método para lograr interés por algo). Para conseguir esa credibilidad, no dediques ni un minuto a divulgar las supuestas virtudes de practicar ambas cosas: la lectura y la escritura. Limítate a leer en voz alta, a llevar libros en las manos y comentar algo de su contenido, dejándolos distraídamente a su alcance; muéstrales libros con los que podremos saber más sobre algunos temas que están siendo noticia de actualidad; háblales del último libro que has leído; muestra fotos o artículos escritos por personas de las que habéis hablado en clase… Léeles algún texto que has escrito para resumir un viaje o una excursión; muéstrales tu cuaderno de escritura o tu diario… Si tienes un blog, deja que curioseen por él y anímalos a que escriban algún comentario a algún texto tuyo… Si tú, ni lees con frecuencia ni escribes frecuentemente, es difícil que contagies esos hábitos, esas posibilidades expresivas…Mientras que si chicos y chicas perciben que estás comprometido con ambas cuestiones, despertarás su curiosidad y su admiración y, probablemente, nazca en ellos un interés nuevo.
6.- Escribo y difundo. ¡Escribe y difunde!
Con frecuencia en algunos espacios educativos compartidos (Jornadas, Cursos, Encuentros…) se plantean tiempos para practicar lo que viene a llamarse “Intercambio de experiencias”. Parece razonable pensar que es algo muy positivo que una persona o un grupo de ellas, que ha estado trabajando durante un tiempo en una dirección y ha obtenido aceptables resultados, pueda mostrar esa línea de trabajo a otras personas que quizás desatasquen, con las ideas explicadas, otra que no acababan de llevar a cabo por no encontrar la fórmula adecuada. Además de esos espacios y tiempos propiciados por la administración, hay otra fórmula de difusión que tiene que ver con la escritura (acompañada tal vez de fotografías, presentaciones electrónicas, etc.) de artículos-memoria de cada actividad que realicemos desde la biblioteca escolar o desde el aula, en la que ha habido una importante implicación y se han obtenido interesantes resultados, además de retratar bien el proceso seguido para desarrollarla.
7.- Intento compartir y contagiar. ¡Comparte y contagia!
En el trabajo personal en el aula y en el trabajo en la biblioteca escolar, procuro compartir los proyectos y las ideas; también la elaboración de materiales y de estrategias, con aquellas personas que trabajan a mi alrededor… En ocasiones la estrategia es más indirecta: uno piensa en una actividad y dibuja un camino, con paradas, miradas, aceleraciones y descansos…Sugiere materiales y hasta secuencias de actuación y, en conversaciones con la gente de alrededor la idea original se va puliendo y puede acabar incluso “siendo otra cosa”. No importa, el proceso de imaginar, contrastar, discutir seguro que ha mejorado el resultado. En las actividades diseñadas desde la biblioteca escolar utilizamos mucho este proceso. Y no trates de imponerte o imponer tus ideas; procura que quien esté contigo se contagie de tu entusiasmo y de tus ganas; es bueno ser generoso o generosa con quien está a tu lado.
8.- Busco aliados y afectos. ¡Busca aliados y cultiva los afectos!
Los Grupos de Trabajo, en sus orígenes, te juntaban con personas que querían trabajar en lo mismo que tú. Compartiendo aficiones es más fácil rentabilizar la energía destinada a ese trabajo colectivo que el Grupo proyecta. El afecto nace o crece con el contacto y el tiempo; es un excelente motor que alimenta las ganas y las ilusiones para implicarte en el entorno, contribuir a modelarlo e insertarte en él de manera inseparable. Los afectos también pueden cultivarse a distancia, practicando algunas de las estrategias anteriores: los intercambios son muy útiles para ello y lo es la correspondencia escolar con otros centros que proporciona nuevas referencias y amigos entrañables. Los afectos potencian las emociones y éstas nos marcan definitivamente; así ha sido siempre.
9.- Procuro incorporar materiales originales y raros. ¡Intenta aprovechar materiales poco convencionales!
La prensa, por ejemplo, proporciona abundantes excusas para que le echemos un vistazo continuamente: fotografías, titulares, noticias, reportajes… para trabajar en clase, pero también para construir dossiers temáticos que deben acabar en la biblioteca escolar o en la sala del profesorado, con la invitación de ser leídos. Interesantes algunas propuestas creativas de los publicitarios que, usan con frecuencia, técnicas creativas, tanto por el lenguaje utilizado como por las propuestas plásticas. Confeccionar marcapáginas que introduzcan algunas actividades o que sean el resultado de las que hemos hecho individual o colectivamente. Montar exposiciones de pequeñas colecciones crea espacios de observación y aprendizaje: pegatinas; etiquetas de ropa con muchas frases en inglés; postales de lugares geográficos; postales literarias; marcapáginas con frases que invitan a la reflexión; carteles relacionados con la lectura o las bibliotecas; viñetas humorísticas alusivas acontecimientos de actualidad o a asuntos como los libros y la lectura; fabricación de “cajas lectoras” , dispensadas para remediar algunos “males”, con propuestas de pequeñas lecturas en su interior…
10.- No me desanimo fácilmente. ¡No te desanimes fácilmente!
Hace falta fuerza y convicción para el trabajo en la escuela. Y si ejerciendo de tutor o tutora o dando clase de una determinada especialidad puedes de algún modo sentirte seguro, cuando te animas a empujar la biblioteca escolar, es posible que sientas que, desde otros ángulos, te empujan a ti, pero hacia el abismo… Siempre me han dado energía los desplantes y la indiferencia ante mi trabajo. La vida casi siempre te regala algún mediocre que se convierte en tu particular “Voldemort”, en ese personaje oscuro al que debes sobreponerte para seguir con tus ideas y tu trabajo. Todo lo anterior te dará la fuerza suficiente para evitar el desánimo y para reafirmarte en tus convicciones. ¡Adelante con tu proyecto pedagógico y adelante con ese cultivo de los afectos, con guardar lo que haces, con dejar constancia de tu trabajo, con escribirlo y divulgarlo, con compartirlo y contagiarlo, con ser un punto original y diferente…!
Y un ABCdario final…
Y para terminar, he querido construir este “ABCdario encadenado” (el primero que hago con esa condición) con la idea de sugerir, de demostrar el poder de las palabras que se van juntando y estimulan nuestra imaginación y nos sugieren tantas cosas… Porque, en una biblioteca escolar:



