El Museo escolar

Martes 25 de mayo de 2010, por Mariano Coronas Cabrero

En junio de 1992, publicaba una separata de 16 páginas, que se distribuyó conjuntamente con el número 56-57 de Aula Libre, dedicado a la Educación Ambiental y que llevaba por título “El Museo Escolar. Apuntes de Educación Ambiental. Guía didáctica”. Previamente, el 9 de octubre de 1991, presenté ante la dirección del centro un pequeño proyecto titulado “Transformación del Museo de clase en exposición permanente”; proyecto en el que solicitaba la transformación de dos estanterías enviadas por el MEC en dos armarios-vitrinas acristaladas, para colocar una selección de los materiales que guardaba en clase. Cuando se aprobó el proyecto y pude equipar convenientemente las dos vitrinas, elaboré un cuadernillo (como el que posteriormente se editó en la imprenta) y lo repartí a todo el profesorado del centro.

Sin más preámbulos, copio la introducción del cuadernillo:

Desde 1982 (primer curso como tutor en el colegio), hace ahora diez años, intenté estimular en el alumnado el interés por la naturaleza en general y por el entorno próximo, en particular. Se abrió en la clase, entre otras iniciativas, la posibilidad de aportar materiales encontrados por niños y niñas, por padres by madres… en la huerta, en el campo, en las orillas del río, en viajes, excursiones, paseos, etc. Siempre nos dio juego en clase la explicación espontánea de las circunstancias del pequeño hallazgo o las respuestas a preguntas del estilo: “qué, dónde, cuándo, quién, por qué, cómo…”, relacionadas con el objeto aportado. En años sucesivos, hemos venido manteniendo esa práctica, con mayor o menos dedicación y profundización, de acuerdo con las circunstancias que se vivían en cada curso. Hacer fichas identificativas, consultar libros, aportar más información, utilizar los fondos del “museo escolar” para explicar, observar, entender… determinados aspectos de los temas trabajados, han sido también prácticas relativamente frecuentes. Lo cierto es que l volumen de materiales acumulados en el aula y las carencias de espacios adecuados para su correcta exposición me hicieron concebir la idea de convertir el “museo de la clase” en un “museo escolar” permanente, abierto siempre a nuevas aportaciones y susceptible de ser ampliados. Es conveniente señalar que esta idea surgió ya cuando se realizó la exposición “La naturaleza en tus manos”, durante las Jornadas Culturales de 1990 y que fue propuesta por varios niños y niñas que participaron en la organización de la misma. Este trabajo es pues un punto y seguido de un proceso y un intento de crear un nuevo espacio de referencia dentro del colegio, a disposición de todo el alumnado y de todo el profesorado”.

El Museo escolar fue creciendo con la aportación de chicos y chicas de varias clases, porque el “espacio privado del aula” se había convertido en un espacio escolar y colectivo. Se organizaban visitas de grupos pequeños en las que les iba explicando el contenido del mismo o alguna colección específica de materiales y estaba permitido, llevar al aula una selección de muestras para que los chavales pudieran observarlas y tocarlas con detenimiento.

Cuando el Grupo de Trabajo “Medio Ambiente” se puso en marcha, “El Museo Escolar” se colocó bajo su impulso y protección; parecía una salida razonable vincularlo a las actividades que ese grupo podía dinamizar. La conversión de armarios-estantería en vitrinas acristaladas continuó hasta alcanzar la media docena actual.

En el Museo Escolar de Ciencias Naturales, que necesita sus cuidados para no verse como un amontonamiento desordenado de materiales, se debe invertir tiempo para colocar, recolocar, hacer expurgo de aquello que se ha estropeado, revitalizar la posibilidad de aportar nuevas piezas, buscar una salida pedagógica al uso de sus contenidos… No es fácil mantener esa pequeña instalación en situación de exposición atractiva y sorprendente, en la que se produzcan novedades y que sea realmente un pequeño taller de trabajo. La confección de fichas identificativas (como fuimos haciendo al principio) justificaba esos propósitos y también el diseño de un cuadernillo que llevaba por título “Del museo escolar a la Biblioteca. Del la observación a la investigación. (Cuadernillo de trabajo para el alumnado)” y que puse en funcionamiento en octubre de 2001.

En el Museo Escolar de Ciencias Naturales hay colecciones de huevos, de nidos, de fósiles, de yesos, de granitos, de líquenes, de conchas, de maderas; hay muestras de origen animal, vegetal y mineral; tenemos algunos animalillos en formol y dos ejemplares disecados: un zorro y una lechuza. Hablaremos más en otro momento, pero termino con las coplas que escribí para la contraportada del cuadernillo citado:

Un museo escolar / es un espacio agradable / donde poder observar / muchas curiosidades:

Hay nidos muy diferentes, / huevos de varios tamaños / animales en formol / y otros que están disecados; / hay conchas de varias formas, / fósiles de muchos años, / colmillos de jabalí / que están muy bien afilados. / Hay rocas y minerales / de diversa procedencia, / líquenes de gran colorido / y una gorda escolopendra…

En el museo escolar / hay tantas cosas bonitas / que es conveniente acercarse / y hacerle algunas visitas.

Portafolio

Colección de nidos Nido de avispa alfarera Fósiles Contraportada de un número de AGUAS LIMPIAS, dedicada al Museo (...) Portada del documento referido Dos modelos de fichas de identificación Vista parcial del Museo Escolar Vista parcial del museo escolar El museo va al aula para mostrar una colección de minerales Pistas fósiles. Ejemplar recogido en Labuerda en viaje de fin de (...) Pistas fósiles. Recogido en Labuerda, en viaje de fin de curso

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