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Jubiloso Sebastián

Viernes 24 de junio de 2011, por Mariano Coronas Cabrero

Cuando se acabe este curso, el maestro Sebastián Gertrúdix pondrá fin (o punto y aparte, en algún sentido) a su trayectoria docente, tras varias décadas de trabajo innovador y comprometido. Hace muchos años, cuando vio que las prácticas escolares tradicionales no eran suficientemente satisfactorias (ni para los chicos ni para él), se cobijó bajo la sombra innovadora de Celestin Freinet y modificó sustancialmente su práctica pedagógica. Nos conocimos cuando él trabajaba en la escuela de Torrente de Cinca, poco después de llegar yo a Fraga, y desde entonces hemos mantenido estrecho contacto y profunda amistad. Poco tiempo después de conocernos, se trasladó hasta Torres de Segre, donde ha permanecido hasta hoy.

En 1985 la estética era sensiblemente diferente

Compartimos muchas reuniones, ideas y proyectos dentro del Movimiento de Renovación Pedagógica AULA LIBRE, durante más de veinte años. Junto con otros compañeros y compañeras mantuvimos viva la revista homónima, hasta más arriba de los 80 números, creamos las líneas de publicaciones: “Cuadernos” y Creativa” y escribimos dos libros colectivos. Sebastián fue un tiempo miembro del Grup de Mestres de Lleida y desde hace unos años está íntimamente relacionado con el MCEP (Movimiento Cooperativo de Escuela Popular), participando (y en algún caso, organizando) en sus congresos anuales. En su página web (http://sebastiangertrudix.wordpress.com/), además de en las anteriores referencias bibliográficas y de las aportaciones vertidas en diversas publicaciones colectivas y revistas pedagógicas, se pueden encontrar las claves de su concepción y trabajo pedagógico.

El pasado 23 de junio nos juntamos unos cuantos amigos y amigas para despedirlo de la docencia, haciéndolo de la mejor manera posible; aquella que nos ha permitido fraguar entre todos y todas una relación cimentada con el paso de los años: con el humor como ingrediente sustancial. Comimos, hablamos, recordamos y nos reímos. Sebastián recibió una foto enmarcada con un poema modificado, con base de Benedetti; un álbum de fotos (un “hoffman”, como dicen ahora) que se titulaba “A este lado de la frontera… Recuerdos) en el que se recogían instantáneas de reuniones, viajes, intercambios, jornadas… y la imposición de una boina, como signo distinguido del paso de ciudadano activo a ciudadano jubiloso. Y antes de la entrega de tan alta distinción, tuvo que escuchar estas palabras que había escrito y leí para él y que reproduzco, a continuación, sin su permiso:

************************************

Querido Sebastián:

Ahora que estás muy cerca de una de esas metas que, por un lado se desea que llegue y, por otro, se quiere retrasar; viendo tu semblante e imaginando el “júbilo” que te embarga, permítenos dedicar unos minutos a la reflexión. Porque, tanto tú, como la mayoría de los que te acompañamos venimos de un tiempo sensiblemente diferente al que vivimos hoy; una infancia bien distinta de la que hemos visto desarrollarse –día a día- en nuestro alumnado; especialmente en los últimos años…

¿Os acordáis de cuando teníamos que esperar dos horas de lenta digestión hasta poder bañarnos en el barranco o en el río? ¿Y de aquellas mañanas de domingo de ayuno obligatorio porque había que comulgar? … ¡Qué tiempos…!

Sebastián rodeado de las amistades

Montábamos en bici sin casco; las medicinas estaban en el mismo armario que las latas de conserva y el chocolate, muy a nuestro alcance; los columpios eran maderos sin sujeción o tablas inestables, cuando no metálicos con esquinas afiladas. Jugábamos a ver quién era más bestia, aunque en ocasiones nos poníamos tiernos y explorábamos cuerpos ajenos jugando a médicos. A veces nos rompíamos algún hueso o algún diente, pero no había leyes que castigaran a los culpables. Cuando nos abríamos la cabeza o nos hacíamos algún corte, lo curábamos con mercromina. Nos peleábamos con frecuencia porque solíamos arreglar los conflictos a hostias. Salíamos de casa por la mañana y sólo regresábamos a las horas de comer; nadie se preocupaba de dónde estábamos y nadie podía localizarnos porque no había móviles. Llevábamos la navaja siempre encima pero nunca destripamos a nadie. La “doctrina” impartida en la iglesia o en la sacristía se abría paso en nuestras cabezas a golpe de caña y rezamos rosarios de cinco, diez y quince misterios. Ligábamos con las chicas persiguiéndolas para tocarles el culo. No quedábamos nunca; salíamos a la calle y allí nos encontrábamos para jugar a pelota, a las chapas, a las tabas, a churro y a marro, a la comba o a comidetas. Bebíamos agua directamente del grifo, del barranco o de la acequia ¡ni soñábamos que algún día se vendería embotellada! La leche era en polvo, el queso americano y las verduras del huerto de casa. Comíamos dulces, pero no éramos obesos, si acaso alguno era gordo y punto. Como no todos teníamos las mismas habilidades, algunos se quedaban sin jugar; aún no se habían inventado los psicólogos. Los Reyes Magos nos traían pocas cosas, pero nos conformábamos. Trepábamos a los árboles para comer cerezas naturales, coger nidos y arañar los brazos y las piernas. Cazábamos lagartijas y pájaros con escopetas y cepos. Coleccionábamos los cromos que salían en todas las tabletas de chocolate, en las gaseosas La Casera y los de Vida y Color y los pegábamos en los álbumes con masilla hecha con agua y harina, ¡pedazo de pegamento! Soltábamos ranas en el baile de los mayores, cabreados porque no nos dejaban entrar. Tomábamos el sol todo el día y desconocíamos que existían las cremas de protección solar. No había aventura superior que correr por encima de los charcos y mojarnos en la acequia, en el barranco o en el río…

En fin, tuvimos libertad, fracaso, éxito y responsabilidad o eso nos parece ahora.

No nos negarás que a la vista de lo anterior no es un milagro que estés, que estemos así de bien y que ninguna tara apreciable nos haya desviado de nuestra vocación o quizás continuamos en ella porque son muchas las taras que arrastramos, ¡vete tú a saber!

En resumen, creemos, Sebastián, que ya has aportado suficiente a la sociedad. No solo por tu trabajo directo en las aulas, sino porque con tu talento y pluma has dejado –a modo de testamento- un gran número de reflexiones, experiencias y textos escritos y publicados en libros y revistas que todos conocemos. Y es evidente que, a partir de ahora, vas a tener mucho más tiempo para viajar, para reflexionar, para leer y para escribir y hacemos votos para que disfrutes de ese tiempo nuevo, te resitúes convenientemente y sigas disfrutando de la vida.

Sí te vamos a pedir que si se te ocurre venir a visitarnos a nuestros lugares de trabajo, lo hagas con buena actitud, que evites en lo posible la ironía y las risitas y que ni se te ocurra tocarnos los cojones con rimas del estilo: “Aquí llega el jubileta y ahí va esta pedorreta”. “¡Ánimo Mariano que ya falta poco para el verano”; “El trabajo dignifica a base de bien; seguid en la brecha, Pepe y Miguel”. “Ricardo y Fernando, ¿cuánto os falta para jubilaros?” “Geles, Mercè y Teresa, ¡no os queda nada, princesas!”…

Sebastián luciendo la boina ritual en su excelsa cabeza

Dicho lo anterior, es momento de nombrarte “Caballero de la Boina” y para ello colocamos solemnemente sobre tu excelsa cabeza este ejemplar de una prenda que debes llevar con orgullo y distinción. Eres el primero que la recibe en esta recién creada “Cofradía de la boina del Bajo Cinca, Cinca Medio y Terras de Ponent” y eso te obliga a promover su difusión y a ejercer testimonial defensa de ella ante los agravios de quienes la desprecian o, peor aún, se avergüenzan de lucirla por considerarla prenda obsoleta, rústica, plebeya e impropia en estos tiempos de modernidad. Para ello deberás evitar, y en su caso reprobar a quien las pronunciare, el uso de frases ya conocidas como “¡Estoy hasta el pirulo de la boina” o “Esto es pa tirar la boina en el fuego” o contar chistes del estilo:

- Papá cómprame una boina. -No te compro una boina. -Papá cómprame una boina. -No te compro una boina. -¡Papá, cómprame una boina! -¡Cállate, que te pego una ostia, que te rompo la cabeza! -¡Claro!, para no comprarme la boina…

Con esta investidura de una prenda tan española que debe servir para preservar todo lo que esa cabeza piensa e imagina, damos por finalizado este acto simbólico en el que te vas a convertir en un jubiloso jubilado, como lo fueron en su día el gran Pío Baroja o el ilustre Josep Pla. Felicidades y larga vida.

Albalate de Cinca, 23 de junio de 2011

Portafolio

Sebastián rodeado de las amistades Sebastián luciendo la boina ritual en su excelsa cabeza Comida.1 Comida.2 Comida.3 Palabras previas a la imposición de la... Comida.4 En 1985 la estética era sensiblemente diferente

Comentarios

  • Jubiloso Sebastián
    25 de junio de 2011 21:06

    Yo quiero presumir, porque tuve la suerte de estar allí y me apetece decir algunas cosas que algunos tal vez no sepan de Sebastián Gertrudix Romero de Ávila: La Mancha dejó de ser inmaculada cuando nació Sebastián en La Solana. Dejó en su pueblo parte de Gertrudix y se trajo el sol prendido en la sonrisa. Buscando su particular norte, se pasó de Ávila, donde recogió romero florecido, para ponerlo en manos de una particular ferrera, Pilar por nombre, que lo encadenó de abajo, porque de arriba nadie ha podido con su libre pensadora hidalguía torera, aunque nos salió más bien Sancho en cuestiones del “tripeo” y de saborear la vida. Tal vez por eso, acabó instalado en el Barça. Allí, fue echando barriga y cuando creía tener una vida llena con Pilar, Silvia y Jordi, tres criaturas internacionales, más que a colmarla, han venido a desparramársela.

    En el aula, también libre. En un Torrente a las orillas del Cinca, conoció a Celestine, no se arrugó al descubrir que no era mujer y compartió ese amor freinetiano con todos los que nos acercábamos hasta contagiarnos de esa pasión. Se refugió en Torres, a las orillas del otro río hermano, y desde sus almenas difundió: estudio riguroso, investigación constante, labor entusiasta, reflexión profunda, compromiso social, etnografía útil, ecología comprometida, trabajo cooperativo, calculo vivo, texto libre, libros diversos, lectura placentera, actualización científica, actualización permanente, relaciones emotivas, verbo fácil, mirada crítica, entrega profesional, esfuerzo generoso, compañero noble, amigo fiel, niños protagonistas,… Con él, descubrimos que las cosas tienen nombre y apellidos, que todo no vale, que la educación tiene tanta importancia que no podemos dejarla en manos de libros de textos, aulas jaulas, colegios carceleros,…

    Sebastián sabe disfrutar con gozo la vida y por eso queremos que nos siga salpicando. ¡Maestro! El calvo

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