Así titulé una actividad que impulsé durante algunos años, desde el área de Conocimiento del Medio. En las páginas 32 y 33 del número 62 de la revista Aula Libre (junio de 1995) y, bajo el antetítulo de “Páginas medioambientales”, contaba brevemente el desarrollo de la misma.
Me apetece retomar esa idea y exponerla aquí brevemente por si alguien quiere impulsarla de nuevo. Yo, rebajado como estoy por lo avatares de la vida y la política educativa, de impartir el área de aprendizaje mencionada, ya hace algunos años que no la pongo en marcha, pero guardo de ella buenos recuerdos.
La actividad tenía planteados unos modestos objetivos: fomentar la observación y la curiosidad, practicar la ordenación y el cuidado de los objetos encontrados, salir a conocer el medio natural, manejar libros, guías y revistas de la naturaleza (fuentes documentales alternativas al libro de texto), aprender a distribuirse el tiempo y el trabajo, reciclar un material desechable…
El planteamiento de la actividad era, más o menos, como sigue:
Localizar una caja de cartón y realizar interiormente una distribución (con tiras de cartón de otra caja) del espacio en doce compartimentos: cajas de zapatos, de bombones, etc. eran nuestro objetivo. Una buena solución para la división interior era, en ocasiones, utilizar los cajoncitos de las cajas grandes de cerillas.
Localizar cuatro muestras de origen vegetal; otras tantas de origen animal y las mismas de origen mineral.
Completar un documento que yo les entregaba, con doce fichas informativas: una para cada muestra. Las fichas preguntaban: nombre de la muestra, fecha de localización, lugar e información sobre la misma.
Al final del tiempo establecido: entre tres y cuatro semanas (negociado con los chicos y que podía estirarse si convenía), cada niño, cada niña presentaba la caja correspondiente y el dossier con las fichas.
Aquellas muestras de especial interés podían pasar a los fondos del Museo escolar de ciencias naturales, si el dueño de las mismas deseaba o permitía tal cuestión.
A lo largo de los años, y casi, casi de memoria, éstas serían algunas de las muestras recogidas:
.. De origen vegetal: hojas de diferentes árboles, fragmentos de distintas cortezas de árboles, frutos (piñas, bellotas, almendras…), resina solidificada, “agallas” de roble, musgos y líquenes, setas, semillas diversas…
.. De origen animal: “tabas”, huesos de distintos animales; colmillos, dientes, cráneos, cuernos y plumas de distintos animales; fósiles diversos; cera de abejas, panales de avispas; conchas y caparazones; mudas de culebra…
.. De origen mineral: fragmentos de distintos minerales y rocas: yeso, granito, sílex, cuarzo, calcita, carbón, pizarra… Piedras con formas y coloraciones curiosas; rocas volcánicas; tierras de distintos colores…
La explicación en voz alta de cada caja, por parte del aventurero explorador que la ha completado suele ser rica y sorprendente en información y detalles, y generalmente muy ilustrativa. La presentación de las cajas siempre daba para varias sesiones de expresión oral, de comentarios e intervenciones cruzadas… Y casi para pequeñas conferencias, especialmente de quienes habían realizado la actividad con verdadero interés y ofrecían muestras bien seleccionadas.
Para terminar, copio algunas opiniones que tengo recogidas:
“Aunque haya tenido que hacer algún “viaje” que otro por Fraga en busca de materiales para la caja biológica, ha sido un trabajo que te hace sentir orgulloso una vez acabado”. (David C.)
“No me ha resultado difícil encontrar los materiales, acaso un poco más los de origen animal. Ha sido una experiencia interesante, porque he estado en contacto con la naturaleza. Me ha ayudado el hecho de que tengo un primo que antes hacía submarinismo”. (Raúl C.)
“Me lo he pasado muy bien buscando cosas por las “montañas”. Un día fuimos a pescar a Mequinenza y me traje una piedra llenita de fósiles”. (Rebeca A.)
“No he tenido ninguna dificultad a la hora de hacer este trabajo. También ha sido porque me parecía muy interesante y tenía ganas de hacerlo. Lo repartí para hacer un poco todos los días y así terminarlo sin dificultad” (Toni C.)
Pues eso, como decía al principio, ahí tienes una propuesta de trabajo que puede que te guste o te apetezca impulsar; si es así, no dejes de incorporar las variantes necesarias para personalizarla.
P.D.: Es muy interesante contemplar la posibilidad de realizar cajas biológicas colectivas, que se preparan e instalan en clase y que se van completando con las aportaciones de todos y todas; en algunos casos, convirtiéndolas en “monográficas”: sólo conchas, o semillas, o fósiles, u hojas…
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“LA CAJA BIOLÓGICA DIGITAL”.
Propongo, como alternativa a la búsqueda, localización y trabajo de las muestras, tal como he comentado anteriormente, una versión digital.
Para ello, recorro un espacio natural, próximo a donde vivo o las calles y parques de la ciudad en la que estoy habitualmente y localizo muestras relacionadas con esos tres grupos: de origen animal, vegetal y mineral.
Fotografío dichas muestras con la cámara digital y me dispongo, una vez descargadas, a montar una presentación en PowerPoint, dejando en cada viñeta un espacio para el comentario informativo. La viñeta final o una de las finales pueden estar dedicadas a la bibliografía que he manejado para poder completar las informaciones o explicaciones que acompañan a cada muestra. Es una manera diferente de afrontar la actividad, aprovechándonos de las nuevas tecnologías y ampliando las posibilidades de aportar, ya que podemos fotografiar animales vivos (que no cabrían en la caja inicial, je, je)
Ejemplo de presentación de "La caja biológica digital"






