(Donde se narra el movimiento y la actividad que se genera o produce en la biblioteca escolar a lo largo de un curso)
Comienza un nuevo curso. Los personajes de los libros, aprovechando la oscuridad de las noches de septiembre, cuchichean y se preguntan esperanzados, cuándo comenzarán a ser interrogados por los ojos vivos y curiosos de niños y niñas… Se les ha hecho largo el verano y están deseando mudar ese descanso obligado por una actividad excitante y frenética. La apertura de la biblioteca, el trajín diario de chicos y chicas, del profesorado que toma, deja, lee, hojea, coloca y recoloca les insufla vida, y nada desean más que acompañar, mostrar y mostrarse, contar y recitar, ser interrogados…
Las maestras y maestros que, voluntariamente y con clara conciencia de su importancia, han decidido impulsar hasta donde puedan el funcionamiento de la biblioteca escolar, se reúnen en el Grupo de Trabajo o en el Seminario de BLI y terminan de perfilar el plan de actuación para el curso escolar (aquel que quedó ya esbozado en la última reunión del pasado curso).
Como se acerca ya el Día de la Biblioteca (24 de octubre), hay un calendario de actividades extraordinarias en torno a esa fecha, que se prolongarán durante todo el mes de noviembre: exposición de libros de un tema definido, exposición de marcapáginas o de carteles relacionados con la lectura o de viñetas humorísticas… ornamentación de la biblioteca y preparación de varias sesiones para contar libros a todo el alumnado del colegio…
Ya se concretó el calendario semanal de uso de la Biblioteca escolar y las clases comienzan a frecuentarla y a llevarse lotes de libros en préstamo para sus rincones de lectura en el aula, para aproximar la fantasía y el conocimiento al público infantil.
Algunas niñas y algunos niños de sexto de primaria han recibido una rápida “formación” para completar su ofrecimiento voluntario de abrir la biblioteca en horario extraescolar. Se encargarán de controlar los préstamos y las devoluciones, ordenar los libros, mantener un poco el orden en la sala, recoger sugerencias o quejas…
Las últimas incorporaciones de libros: por compra, regalo o donación, intercambio… están ya expuestas en el lugar adecuado. Comienzan así las periódicas exposiciones de novedades que ofrecen, atractivamente a los usuarios, los libros recién llegados (antes de su colocación en los estantes correspondientes).
Un grupo generoso de madres acude a la biblioteca en horario lectivo, una tarde a la semana, para realizar actividades de ornamentación y para leer, seleccionar y fabricar los soportes necesarios para que algunos libros sean contados.
Un buen día aparece el boletín de la biblioteca que recoge el movimiento que en ella se va produciendo: las actividades realizadas, los contactos mantenidos, algunas noticias culturales de índole nacional e internacional, recomendaciones de lecturas, actividades del alumnado, opiniones del alumnado bibliotecario, humor de libros, citas lectoras… Todas las familias recibirán en casa un ejemplar para que estén informadas y para que aprecien el valor de la lectura y valoren en su justa medida la existencia de una biblioteca escolar en el colegio al que acuden sus hijos e hijas.
Dos veces cada curso, al menos, el grupo de madres Cuentalibros o Cuentacuentos dedica cuatro tardes consecutivas a envolver con palabras a todo el alumnado. Palabras que endulzan la imaginación y acarician los sentimientos, (del mismo modo que los caramelos que reciben niñas y niños al finalizar la sesión les endulzan el paladar). Se regalan marcapáginas especiales o una pegatina u otro material de recuerdo afectivo, para celebrar el encuentro con la palabra contada.
La prensa local y regional y algunas revistas especializadas se hacen eco, en formato de breve reseña, de crónica más extensa o de artículo de fondo de la actividad que ha tenido lugar en el colegio, promovida desde la biblioteca escolar. Así se va forjando una red natural de intercambio de experiencias, un banco de recursos colectivo y un baúl metafórico que se llena de ánimos y energía para seguir en la brecha.
Con cierta frecuencia se reciben peticiones de los materiales elaborados: boletín, marcapáginas, guías de lectura, álbumes de cromos, desplegables, recortables, libritos, guía de la biblioteca…por parte de otras maestras y maestros de otros centros de enseñanza, por parte de personas que están involucradas en aventuras similares, fundando y dinamizando bibliotecas escolares en una hermosa tarea de arado y siembra, de abonado y almacenamiento, de cuidado y tutoración.
La maleta familiar no cesa de visitar domicilios y familias, cargada con diversos materiales de lectura: libros, revistas, suplementos escolares, DVDs, CDs y de un cuaderno de escritura para reflejar impresiones y ofrecer sugerencias… Todo ello con el objetivo de proponer a las familias lectura y reflexión.
El último libro leído en voz alta nos ha animado a ponernos en comunicación con quien lo ha escrito (y, en ocasiones, con quien lo ha ilustrado). Le hemos escrito una carta con nuestras opiniones y le hemos hecho unas cuantas preguntas. El correo electrónico o el correo postal llevan nuestros mensajes y traen su respuesta.
De la biblioteca, han salido ya tres maletas circulantes con una treintena de libros del tema elegido para la segunda actividad del curso y están dispuestas para ir de clase en clase por un tiempo determinado para ofrecer su contenido al alumnado, con la mediación del profesorado. Hay algunas propuestas de escritura, mezcladas en ocasiones con trabajos de expresión plástica, que se hacen a las aulas. Esos trabajos verán la luz en forma de libros recordatorio o ilustrarán algunas páginas del próximo boletín y esos trabajos, siempre, serán expuestos en la biblioteca o pasillos aledaños para que todo el centro pueda verlos y leerlos con detenimiento.
En la biblioteca se van exponiendo y almacenando las realizaciones que llegan de las clases y que tienen que ver con las sugerencias de escritura que se han hecho desde la biblioteca escolar. Se almacena así una parte de la memoria del centro.
De la Biblioteca Pública van llegando periódicamente fondos para las exposiciones temáticas, pero también la escolar le presta algunos materiales y elementos para exponer en su recinto. Las relaciones entre una y otra son estrechas, de colaboración, necesarias…
Mensualmente, un pequeño grupo de madres y padres, maestras y maestros se reúnen en horario extraescolar para hablar de libros y lecturas, en una tertulia que, además, se abre a otros temas y remueve otros fundamentos.
Cada día maestras y maestros caminan del aula a la biblioteca, se llevan libros prestados, regalan lecturas en voz alta, proponen pequeñas investigaciones, ofrecen libros para la lectura personal y reflexiva, dan pautas para aprender a buscar la información, muestran cómo abordar y reescribir una biografía con datos enciclopécicos, señalan el interés de consultar una revista de divulgación o un suplemento especial de un diario…
En la página web del colegio se publican los materiales, los artículos-memoria de las actividades, fotografías, etc.; materiales todos ellos que ofrecen otra manera de comunicación e intercambio. Del mismo modo, en uno o varios blogs, se escriben textos y opiniones sobre el devenir bibliotecario que complementan lo anterior, haciéndolo más inmediato y participativo…
Y, en fin, no olvidemos que en la biblioteca escolar están los cuentos de cien culturas, las más hermosas poesías; la historia de muchos pueblos, la más bella geografía; los arriesgados exploradores, los esforzados deportistas; la antigüedad más oscura, la actualidad a la vista; los dioses y los héroes, las leyendas mitológicas; las mujeres valerosas, los hombres y sus conquistas; la lucha y el compromiso, valientes y “cobardicas”; el futuro imaginado, los secretos de la vida; arte, música, pintura, ciencias y astronomía; los personajes de cuento, los héroes de pacotilla; Flint tocando el tesoro, Alicia y las maravillas; los sueños y las pasiones, el amor, las pesadillas; océanos tenebrosos, bosques de fantasía; piratas que cortan cabezas, brujas que desafían; atlas que muestran el mundo, diccionarios que lo explican; libros de cien maneras, periódicos y revistas…
Si todo lo anterior es lo que pasa o lo que puede pasar en un centro que posee una biblioteca escolar abierta, atendida y actualizada; si en este apresurado relato has visto reflejado el funcionamiento de aquella en la que trabajas, aquella que dinamizas, si has descubierto algún guiño cómplice, es señal inequívoca de que vamos por buen camino y de que no vamos solos, acompañando a niñas y niños en un viaje sin fin, buscando… ¿el tesoro de la isla o la isla del tesoro?
Mariano Coronas Cabrero
Maestro de Primaria y Bibliotecario Escolar voluntario









