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Recuerdos escolares. Palabras sabias (II)

Viernes 29 de abril de 2011, por Mariano Coronas Cabrero

Faltaba la segunda parte de esta narración. La segunda parte del testimonio y de los recuerdos atesorados por un alumno, ya octogenario, de su maestro en 1936, aproximadamente. Jesús Piquín, el alumno, sigue recordando a Don Mariano Acín, el maestro. Este tipo de documentos, productos de la vida y la memoria, aportan vivencias ejemplificadoras que deberíamos rescastar, escribir y dar a conocer.

A continuación, el artículo completo, tal como se publicó en el número 77 de la revista Aula Libre (noviembre de 2002).

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En el número 75 de nuestra revista (febrero de 2002), Jesús Piquín nos regaló un texto rememorativo de su infancia escolar en Grandas de Salime (occidente asturiano). A pesar del tiempo transcurrido desde los primeros años de la década de los treinta, Jesús recuerda con nitidez a su maestro D. Mariano Acín Gracia y expresa con naturalidad y con sinceridad la admiración que aún guarda hacia él. En los primeros meses de la guerra civil, Mariano Acín, maestro oscense nacido en Bailo, fue detenido y ejecutado, como una muestra más de la irracionalidad que se vivió en este país en aquellas fatídicas fechas. Estimulado por la lectura del artículo referido, Jesús ha vuelto a enviarnos unas cuantas páginas manuscritas en las que recuerda sobre todo cómo era la villa de Grandas de Salime alrededor de los años treinta del siglo pasado y continúa recordando a su maestro. Hemos creído interesante recoger en estas páginas la segunda entrega de los recuerdos de un alumno agradecido y ofrecerlas también a la prosa de un notable cronista. Jesús Piquín nos escribió agradeciéndonos muy sinceramente que le hiciéramos llegar sendas fotocopias del expediente académico de su maestro y de una instancia de solicitud escrita de su puño y letra.

Mariano Coronas

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RECUERDOS DE MI MAESTRO D. MARIANO ACÍN (II)

Jesús Piquín Arne

- La escuela de Grandas de Salime

La matrícula de la escuela de Grandas no bajaba, sobre todo de noviembre a mediados de marzo, de 65 niños (en los años veinte, las casadas en la zona rural casi todas parían 6-8 hijos y no faltaban niños en la aldea). Con la entrada de marzo-abril en que comenzaban con más intensidad las labores agrícolas, la asisteencia a clase bajaba un 30-35%, en abril-mayo y un 45-50% en junio-julio y en septiembre-octubre, pero D. Mariano, a pesar de su juventud, no cejaba en su afán de atender a la numerosa grey y se esforzaba al máximo, sin desmayo, porque entendiéramos y asimiláramos sus explicaciones, sus enseñanzas y no regateaba esfuerzos en su labor docente. (Vaya vocación!

De su certificado de estudios se deduce también que haya obtenido muy buena puntuación a la hora de solicitar -ya con el título de maestro en sus manos- plaza como Maestro Nacional en la escuela de Grandas de Salime, capitalidad del municipio de su nombre y no tener que ir a una aldea remota, que se asignaba a los que obtenían menor puntuación académica.

- Grandas de Salime en los años treinta. Los servicios

Pues sí, dentro de la pobreza y atraso social en que se encuadraba la zona occidental de Asturias, donde se halla Grandas de Salime, cabe anotar que por lo menos, Grandas tenía una carretera, que llamaban comarcal, que comunicaba con Oviedo hacia oriente y con Lugo hacia el occidente, vía de comunicación ésta de trazado muy pobre, con muchas curvas, sin pavimentar, etc. También contaba esta localidad con una humilde fábrica de generación de energía eléctrica que permitía disponer de una discreta iluminación pública y doméstica, en que se incluía, como no, la Escuela Pública, como llamábamos al modesto edificio en que los maestros, D. Mariano a los niños y Dña. Remigia a las niñas, impartían sus clases en los bajos de la edificación. La planta alta estaba destinada a vivienda de los maestros. Con todo, Grandas no dejaba de ser un villorrio, aunque contase también con casa Consistorial, cuartel de la Guardia Civil, médico, farmacéutico con su farmacia, cura párroco con su casa rectoral y una hermosa iglesia-colegiata, rodeada de precioso pórtico que los niños llamábamos el cabildo y que los días de lluvia nos servía para cobijarnos y realizar nuestro juegos infantiles.

Grandas de Salime

Contaba así mismo la pequeña villa con dos fondas, tres tiendas de tejidos, dos o tres de ultramarinos, algunas tabernas mixtas y un indiano abrió un pequeño local donde instaló la primera caferera expres, por lo que bautizó su negocio con el pomposo nombre de CAFÉ EXPRES, pero lo que más llamaría la atención de todo esto a D. Mariano seguramente fue la casa en que, en los bajos, otro indiano había montado un bazar y que las plantas primera y segunda formaban la vivienda de "los del Bazar", en donde vivía la familia formada por matrimonio, un hijo varón -Antonio- y tres hijas de nombres Conchita, Manolita y Elisita. Cuando en el otoño de 1930 D. Mariano llegó a Grandas, una de las hijas de "los del Bazar", Manolita, todavía vestía calcetines, pero ya era alta, esbelta y muy bella y a D. Mariano parece que comenzó a hacerle "tilín, tilín". Quizá no pasó un año y ya empezaron a andar juntos y Manolita comenzó a ponerse medias como el resto de mujeres y mozas del pueblo.

El presumible noviazgo no hacía mella en el joven y visiblemente feliz maestro, en cuanto se refiere al deber de enseñante y desplegaba el mismo entusiasmo en la clase, atendiendo con el interés de siempre a su alumnado. )Sería Manolita la causante de que D. Mariano no solicitara otra plaza de más categoría como correspondía, creo yo, a su talento y preparación?

- Grandas de Salime en los años treinta.Un bable gelleguizado

Grandas de Salime es un pequeño municipio del occidente sur de Asturias, limítrofe en su parte sur y oeste con Negueira de Muñiz y Fonsagrada, de la provincia de Lugo; distante de Oviedo, 170 kilómetros y de Lugo capital, 90 kilómetros. Por mor de la mayor distancia a la capital del Principado de Asturias, el tráfico comercial tenía lugar a través de Lugo originándose con ello, y también por la proximidad territorial, que el contacto personal se efectuase con habitantes gallegos lo que dio pie a que el bable, en una franja limítrofe con la provincia de Lugo, esté notablemente mezclado con el gallego, por lo que los que no son de Asturias y de tal franja, nos llaman gallegos. O sea que tenemos un bable muy galleguizado y a D. Mariano le costaba trabajo entendernos, al principio, y le hacían gracia nuestras infantiles meteduras de pata al intentar hacernos comprender en una mezcla de castellano-leonés con nuestro bable galleguizado.

- La población y las actividades económicas

Tenía Grandas, en los primeros años 30, una población de unos mil habitantes, de los que el 75-80% éramos labradores cultivadores de la tierra; el otro 20-25% pertenecía al ramo de servicios: pequeños tenderos, pequeños hosteleros-fondistas, un bazar, algunas tabernas o cantinas; el puesto de la guardia civil, con 10-12 miembros y sus familiares, un médico y familia, maestro, maestra con su familia, el cura párroco y coadjutor y un empleado de correos. No había ninguna entidad bancaria. El resto del municipio tenía, en todos sus asentamientos o aldeas, unos 2500-2600 habitantes aproximadamente, que vivían, el 100% del trabajo del campo y a la escuela de Grandas acudían, principalmente en los meses de menor actividad agrícola (parte de noviembre, diciembre, enero, febrero y parte de marzo) los niños de tres aldeas que distan de Grandas unos dos kilómetros, por lo que D. Mariano atendía sobre todo de noviembre a marzo -ya se dice en otra parte de este escrito- a una matrícula de 65 niños. Cuando en el resto del periodo lectivo el maestro pasaba lista (lo que hacía todos los días a primera hora de la mañana) de asistencia a clase, se quejaba de que los padres no dejasen asistir a los hijos para destinarlos a realizar labores agrícolas, y le oí decir en más de una ocasión que en la Unión Soviética los padres no podían impedir que sus hijos acudiesen con regularidad a clase; es decir, que a D. Mariano no le molestaba soportar aquel ímprobo trabajo que suponía atender a matrícula tan numerosa. (Vaya vocación y espíritu de sacrificio!

- El barro y las almadreñas

En Grandas no había más pavimento que un par de aceras en la calle principal y junto al Consistorio; el resto del pueblo era todo tierra con algunas pequeñas piedras, originándose un molestísimo cieno blando pegajoso (en el pueblo le llamaban lama) con las lluvias. Para caminar por él lo más adecuado eran las madreñas (almadreñas) que fabricaban con madera de abedul algunos artesanos de la zona, entre los que se encontraba mi difunto padre (q.e.p.d.) y yo mismo también las fabriqué en mi juventud, aunque mis hijos, que nacieron cuando ya hacía unos años que había dejado el oficio -y en consecuencia no me vieron hacerlas- todavía hoy me aceptan con cierta reticencia que yo fuera, en un tiempo, madreñero. Era un tipo de calzado pesado, torpe para quien no tenía costumbre de usarlas, pero resultaba muy útil porque no pasaba la humedad, se mantenían los pies secos y no se enfriaban. Se fabricaban en dos formatos o modelos: para usar con calcetines de lana y escarpín y para llevar con calcetín y zapatilla. D. Mariano también llegó a usar las de zapatilla, que se dejaban en el portal de la casa para no ensuciarla.

Vista general de Grandas de Salime

Grandas carecía de traída de aguas, por lo que la necesaria para el uso doméstico, iban a buscarla las mujeres en cubos para hacer la comida, fregar los útiles (no me atrevo a llamarlos vajilla) que se empleaban para comer, lavar la cara y manos y poco más. La ropa iban al lavadero vecinal a lavarla y una vez al año se hacía la colada que quitaba la mugre acumulada. En fin, pobre vida, vida pobre la de esta pobre comarca del occidente asturiano, todavía en los años treinta, cuando D. Mariano nos decía que era tal el grado de civilización y avance cultural y social a que había llegado la Humanidad que era prácticamente imposible que se volviera a repetir una conflagración como la vivida hacía pocos lustros (Guerra Europea de 1914 a 1918), y además, decía, también impediría todo intento bélico la Sociedad de Naciones, con sede en Ginebra. (Y lo que vendría después, y aún sigue! Parece que su juventud ()también su enamoramiento de aquella bella mujer?), su entusiasmo por la vida, por un mundo mejor, le impulsaba a otear un horizonte de amor, sin belicosidades entre los seres humanos.

Jesús Piquín en la feria de Grandas

Grandas tenía, además de lo dicho, un pequeño y bonito parque sin ningún pavimento, a donde salíamos al recreo y donde se celebraban las ferias anuales, el segundo domingo de cada mes, la fiesta patronal… Posiblemente no fuesen los domingos de feria los mejores para D. Mariano porque Manolita tenía que colaborar en el negocio, ya que era el día de más ventas y había que aprovechar al máximo la avalancha de paisanos de toda la redonda. Don Mariano podía aprovechar para saludar y confraternizar con sus coelgas, sus compañeros de profesión, diseminados por las aldeas del contorno donde había escuela que, aunque algunos de ellos tenías dos o más horas de caminata y no precisamente por caminos asfaltados, también les gustaba ir a la villa.

De las dos o tres casas de Grandas donde tenían pozos artesanos para abastecerse de agua, una de ellas era precisamente en la que se alojaba D. Mariano, por lo que él siempre andaba limpio, pulcro, bien vestido y, juntamente con el pequeño grupo que en el pueblo no vivían de la labranza (médico, farmacéutico, cura párroco, secretario del ayuntamiento, algunos comerciales…) les llamábamos los SEÑORES, porque como estaban libres de las salpicaduras de la tierra, del estiércol de las cuadras, etc. andaban más limpios, más finos y los veíamos siempre por encima del 75-80% que en la localidad nos dedicábamos a la labranza, por lo tanto andábamos más sucios y pobremente vestidos que ellos.

Más o menos éste era el Grandas que D. Mariano conoció y vivió desde el otoño de 1930 al verano de 1936, sus mejores años juveniles y de feliz matrimonio.

- ¡Adiós, Piquín!

Yo, en abril de 1934 tuve que dejar de ir a clase. Aunque cumpliera los 14 años de edad en 7 de febrero por lo que oficialmente no podía asistir, D. Mariano me admitía hasta la terminación del curso, que entonces finalizaba el 15 de julio, pero por razones que sería largo enumerar dejé de asistir a clase en abril. El propietario de la casa donde vivíamos nos había desalojado de la misma en noviembre de 1933 y la familia Piquín al completo nos trasladamos a vivir a la vecina aldea de Santa María, a unos dos kilómetros de la villa, por lo que mi asistencia a clase ya fue menos asidua (inclemencias del tiempo, pues había que hacer el recorrido a pie, trabajo en el agro, etc.).

Jesús Piquín

Desde entonces, desde abril, mis contactos con D. Mariano eran escasos o nulos, como no fuera el afectuoso "adiós, Piquín" que me dirigía si nos tropezábamos los domingos de feria. Además del contacto con D. Mariano, para mí era también perder el hilo de la modesta cultura escolar adquirida, ya que al dejar de ir a la escuela, suponía ir como "oxidándose" de lo aprendido, pues en casa no había ni libros ni quien explicara nada. Nacía en mí el deseo de ir a las clases para los adultos, nocturnas, que solo duraban unos tres meses, en el otoño-invierno, y me podrían valer, pensaba, como de repaso de lo aprendido, pero en el curso 1.934-35 no pude asistir y lo hice en 1935-36 en que todavía estaba D. Mariano, ya próximo a matrimoniar con Manolita.

La primera noche que asistí, me sorprendió gratamente el amable saludo de D. Mariano y, efectivamente, me agradaba mucho el recordar cosas aprendidas en las clases diurnas. Muchos de los adultos que asistían, de Grandas y aldeas próximas, estaban muy "verdes" en materia escolar, pero D. Mariano no perdía la paciencia y se esforzaba en inculcar a todos el máximo de conocimientos. (Vaya vocación!

Recuerdo que en la clase del 15 de febrero, sábado, nos advirtiera que dejásemos todo bien recogido puesto que al día siguiente se celebraban las elecciones legislativas y como era costumbre (y aún sigue siéndolo) las urnas se instalarían en la escuela. Las clases nocturnas creo que terminaban el último día de febrero y poco más pude ver a D. Mariano.

Yo vivía en la aldea desde octubre de 1933 y creo que fue en la feria de abril, que con la de octubre eran las más concurridas del año, cuando vi a D. Mariano acompañado de su esposa y también de sus padres, lo que me autoriza a pensar en la lejanía del tiempo, que éstos, sus padres, habían ido a Grandas a la boda de su hijo. Estaban paseando los cuatro, cogidos del brazo, por la Villa, animados, sonrientes, con cara de satisfacción y felicidad. Como anécdota diré que Manolita era más alta que su esposo y que sus suegros y al pasar a su altura, con mis amigos, D. Mariano me dirigió el siempre afectuoso "adiós, Piquín".

Como ya narré en mi anterior escrito, D. Mariano se marchó de Grandas con su esposa, tengo que pensar, posiblemente al día siguiente de terminado el curso escolar (posiblemente el día 16 de julio) camino de Bailo (Huesca), supongo. El día 18 empezó la fratricida guerra entre españoles… y D. Mariano ya no volvió a Grandas. Sí volvió, ya lo dije también en mi anterior escrito, su viuda, hacia finales de diciembre, en avanzado estado de embarazo. Seguidamente se marchó para La Habana a juntarse con sus padres y hermanos.

Portafolio

Acta matrimonial de Mariano Acín y Manolita López Museo etnológico de Grandas de Salime Embalse de Grandas de Salime Grandas de Salime Jesús Piquín en la feria de Grandas Jesús Piquín Familia Piquín Jesús Piquín Jesús Piquín hace unos pocos años Mapa de situación de Grandas de Salime, en el occidente asturiano Vista general de Grandas de Salime

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